Abocados a compartir vivienda


Pocos salarios resisten la embestida de los alquileres. El disparatado boom de este mercado ha provocado subidas en las rentas del 20,9% interanual en el primer trimestre del año, según los cálculos del portal inmobiliario Idealista. Y también la salida al mercado de muchos inmuebles pequeños y angostos de difícil justificación. ¿O no lo es pedir 1.100 euros por un estudio de 35 metros cuadrados, en un cuarto piso sin ascensor, en El Raval (Barcelona)? Por suerte, su propietario ha decidido bajarlo 150 euros. Estos anuncios recuerdan mucho a lo que sucedió —con la compraventa— en la época de la burbuja.

Y esa tormenta perfecta está abocando a muchos demandantes a tener que recurrir al mercado del alquiler compartido. Son compañeros de piso forzosos. Y no se trata solo de estudiantes, mucho más acostumbrados a repartirse las baldas de la nevera y compartir contraseña del wifi. Es la única manera para muchos ciudadanos de no dejarse más del 30% del sueldo en la vivienda. Aunque algunos no lo consiguen. “Los españoles tienen que invertir de media el 31% de su salario mensual bruto (1.931 euros en 2016) en el arrendamiento de su vivienda, aunque los catalanes destinan el 46,36% de su sueldo por un piso de 80 metros cuadrados”, según un estudio del portal inmobiliario Fotocasa y la plataforma de empleo Infojobs.

Cierto es que el piso compartido no es feudo exclusivo de los estudiantes desde hace tiempo. “Es algo que ya era una realidad hace 10 años, aunque poco a poco la media de edad de quienes utilizan este tipo de vivienda ha aumentado”, según Fernando Encinar, jefe de estudios de Idealista. Son varios los perfiles que se han incorporado a este mercado en la última década: “Divorciados, jóvenes con sus primeros trabajos o personas solteras con empleo”. Este portal calcula que la demanda de habitaciones creció un 50% interanual en los seis primeros meses de 2016.

Hoy, el 81% de las personas que comparten techo tienen entre 18 y 34 años. Y, aunque tres de cada diez son estudiantes, crecen los que no lo son: un 18% son empleados de oficina, un 10% son mandos intermedios, otro 10% son profesionales, y un 8% son trabajadores fuera de oficina y obreros cualificados, según Fotocasa. De hecho, el 16,3% de los que comparten tienen entre 35 y 44 años.

“La presión de los pisos turísticos y el exceso de demanda está provocando que esta fórmula sea cada vez más usada entre los trabajadores de hasta 35 años”, señala Joaquín Mencía, consejero delegado de Uniplaces en España. En esta plataforma, que crece a triple dígito cada año, las solicitudes de reserva de enero a junio han crecido un 55% en Barcelona y un 52% en Madrid con respecto al mismo periodo de 2016.

Más de la mitad (el 54%) de los que comparten techo dice no poder afrontar un alquiler. “La principal razón es la falta de autonomía a la hora de pagar la totalidad de un alquiler, quedando en segundo plano aspectos sobre el estilo de vida [se adapta a lo que necesito, prefiero gastar en otras cosas o prefiero vivir con gente]”, señala Beatriz Toribio, responsable de estudios de Fotocasa.

Tendencia al alza

Esto es así porque alquilar vivienda es o está cerca de ser prohibitivo, sobre todo en las dos grandes capitales españolas, a las que están llegando todos los jóvenes de provincias que quieren trabajar y buscan una perspectiva laboral un poco menos desalentadora. Aunque desalentadora es la situación que encuentran: arrendar una vivienda entera está fuera de sus posibilidades la mayoría de las veces —un piso de 80 metros sale por 1.029 euros mensuales en Madrid y 1.192 euros en Barcelona—.

Lo peor es que estos encarecimientos se están replicando también en el alquiler compartido. “En el primer semestre de 2017, el precio medio de alquiler de una habitación se ha incrementado un 3% en Madrid y un 6% en Barcelona”, contabiliza Alejandro Artacho, consejero delegado y fundador de Spotahome. Es más, solo en el mes de junio Fotocasa ha calculado que el precio de una habitación compartida en Madrid se ha incrementado un 25% respecto a junio del año pasado, hasta los 393 euros mensuales. En Barcelona, el alza ha sido del 19% interanual, hasta os 445 euros. “Desde 2010 no habíamos visto precios tan elevados como los de junio”, cuentan.

En la capital, el distrito que más ha subido sus precios, un 29%, en ese mes ha sido Fuencarral (407 euros mensuales). Aunque no es la zona donde se piden las rentas más altas. Es Chamberí, donde los propietarios solicitan 486 euros mensuales. En el caso de la Ciudad Condal, el mayor encarecimiento se ha dado en Ciutat Vella (486 euros al mes), donde se reclama un 26,2% más que hace un año. Un ejemplo para ver la magnitud de la inversión: la hipoteca media contratada el pasado mes de abril fue de 112.834 euros, según el INE. Si se tiene en cuenta un plazo de amortización de 30 años y un tipo de interés del 2%, la cuota mensual es de 417,06 euros, menos que lo que cuesta pagar una habitación en una gran ciudad.

“Estamos ante una situación en la que oferta y demanda no están equilibradas y los precios tienden a subir”, subraya Manuel Gandarias, director del Gabinete de Estudios de Pisos.com. Y más que los destinados a estudiantes y ubicados en áreas universitarias. “Los pisos de zonas con estudiantes suelen mantener más la renta porque no suelen abrirse a otros perfiles. En otras zonas hay más volatilidad porque el perfil residencial choca con el turístico”, añade.

Las zonas más demandadas son “los barrios históricos y céntricos, en los que priman las buenas conexiones de transporte público y la oferta de espacios gastronómicos y centros de ocio”, comenta Artacho. En Madrid, por ejemplo, son Malasaña (430 euros), Sol (420 euros), Argüelles (488 euros), Retiro (431 euros) o Tetuán (346), recogen en Uniplaces. En Barcelona: Raval (325 euros), Esquerra de L’Eixample (368), Dreta de L’Eixample (432), Sant Gervasi (428 euros) o Sagrada Familia (445), identifica Spotahome. Aunque, “las subidas de precio han provocado que el interés por otras zonas bien comunicadas también aumente”, asegura Encinar.

¿Y qué buscan? Es indispensable que el piso tenga wifi, ascensor y aire acondicionado y calefacción”, aclara Gandarias.


 
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